Por los datos que recogió el hijo del vinatero, el cabriolé amarillo, sin pasar de Urruña, volvió a San Juan de Luz. Frechón avanzó, sin duda, desde allí a caballo. Manón y Alvarito pensaron que el dependiente de Chipiteguy no había seguido a Irún; para ir a España no hubiera dejado el coche. Probablemente debía haberse dirigido a Sara o a Vera.
—¿Qué hacemos? —preguntó Alvarito.
—¿Qué hemos de hacer? Seguir.
—¿Estás decidida a entrar en España?
—Yo, completamente decidida.
—¿Por dónde vamos?
—Por donde tú digas.
—Por Irún sería lo más rápido —indicó Alvarito—; pero me han dicho que estos días los liberales vigilan mucho la frontera y que han traído hasta perros para guardarla.
—Dejemos entonces Irún.
—Sí, creo que será lo mejor; además que en el campo liberal no es donde nosotros tenemos que hacer nuestras indagaciones, sino en el carlista.