—¿Y es de aquí un tal Echenique? —preguntó Alvarito.

—Ese Echenique es el criado de Martín Trampa, a quien llaman Malhombre. Malhombre roba y lo dice, y hasta ahora nadie se ha atrevido con él.

—¿Tan terrible es? —preguntó Ollarra malhumorado.

—Sí, es muy malo.

—No quisiera más que encontrarme con él.

—¿Para qué? —preguntó Alvarito.

—Para darle una paliza que le quitara las ganas de atropellar a los demás.

A Ollarra, sin duda, la idea de que hubiese un matón que no fuera él le ponía frenético.

Después de cenar, Chorua se presentó a comer los restos de la comida, y Ollarra le hizo lucirse y hacer varias habilidades. Luego el viejo trajo una botella de aguardiente. Alvarito probó el licor, que le pareció fuerte, y Ollarra bebió muchas copas.

—Vamos a tomar otra copa —decía—, ¡la segunda!, y se echaba a reír. Tenía que decir la segunda, aunque fuera la sexta o la séptima, y celebraba su chiste con carcajadas. Era una gracia que imitaba del herrador del pueblo.