—¡Qué cochina gente! ¿Qué tienen ellos que hacer en España?
—Así son; se quieren meter en todo.
—¿Tú puedes venir?
—Sí.
—¿No podrías traer más gente?
—Llevaré dos chapelgorris que están aquí de guardia cerca del puente.
—Pero ha de ser en seguida.
—En un momento.
Vinieron los dos chapelgorris, a quienes Aviraneta explicó en vascuence de qué se trataba. Los cuatro hombres se acercaron a Chapartiena, casa edificada entre el camino y el río.
—Por aquí —dijo Ganisch.