Ganisch buscó un carrucho en una casa cercana y don Eugenio llevó sus dos presos a Irún. El Gobernador Militar mandó meterlos en la cárcel.
Aviraneta vio los documentos de Nenín y de Montgaillard y pudo comprobar que Gamboa era su enemigo y que trabajaba en su contra. Luego examinó las cartas de Montgaillard, encontró algunas de Sonia Volkonsky, las apartó y se las envió al joven francés bajo sobre.
Entre los papeles de Montgaillard el juez encontró documentos importantes del príncipe de Lichnowsky y sus amigos, y a consecuencia de esto, decidió enviar al francés preso al castillo de la Mota, de San Sebastián.
Al día siguiente, Aviraneta convidó a comer a Ganisch y a los dos chapelgorris, sus ayudantes en el asunto del caserío Chapartiena, en una taberna de Irún de la calle de Larrechipi. Luego tomó la diligencia, y, al pasar por Behovia, el comisario de policía francés le saludó, inclinándose ceremoniosamente.
Al llegar a Bayona, don Eugenio fue al Consulado a contar cómo había realizado su expedición, y se encontró a Nenín y a Gamboa. Ninguno de los dos podía ocultar su malhumor y su despecho.
Gamboa, días antes, al saber que Lezama, por instigación de Aviraneta, tenía a Nenín en la cárcel, envió un propio al Gobernador Militar de Irún pidiéndole que le soltara, y así lo hizo.
Las diversas fases de la intriga transcendieron algo entre los carlistas de Bayona, y se dijo que Aviraneta había preparado una emboscada al joven caballero de Montgaillard hasta conseguir hundirlo en una prisión.
Aviraneta, además de los anónimos que le enviaban habitualmente, comenzó a recibir otros amenazadores de los amigos de Sonia Volkonsky.
Desde que el caballero de Montgaillard fue preso, a Sonia se la veía poco en la calle; no iba a ninguna reunión y, por lo que se decía, frecuentaba mucho la iglesia.
TERCERA PARTE