CALAMIDADES DE LA GUERRA
I
EL TÍO TOMÁS Y EL ESQUELETO
Tras del sueño pesado y profundo en el cuarto de la Venta Quemada, Alvarito se levantó todavía molido del viaje y salió al camino.
Se hallaba la venta en medio del puerto de Velate, dominando un gran panorama de montañas y de barrancos. Enormes hayedos, entonces sin hojas, daban al paisaje noble gravedad. A un lado y a otro se abrían profundas hondonadas. Todo se hallaba cubierto de nieve: montes, árboles y piedras; únicamente dominaba lo blanco y lo negro.
Después de asomarse a contemplar el campo, Alvarito volvió a la venta y vio a Manón, que estaba ya preparada.
—¿Has descansado de tanta fatiga? —le dijo.
—Sí. ¿Y tú?
—Yo, parte de la noche, he dormido muy mal; pero por la madrugada he quedado como un tronco.
Por la tarde permanecieron en la venta, al lado del fuego. El viejo de la casa contó cómo años antes anduvo con los realistas de Juanito de la Rochapea. Álvaro le dijo que ellos iban al campo carlista.