—¿Adónde vais?
—A Echarri Aranaz.
—¿Sabéis el camino?
—Pensamos ir por Villava.
—Vais a tener que meteros entre los negros. Más cuenta os tendría ir a Larrainzar; ahora que tiene el inconveniente de que no encontraríais el camino.
—Entonces iremos por Villava.
—No, os acompañaré yo.
Salieron al día siguiente muy de mañana. La niebla espesa cubría las hondonadas y barrancos, como un mar gris; sobre este mar, los picos de los montes, con sus árboles, parecían islas.
Alvarito, Manón y Ollarra montaron a caballo; el viejo de la venta se dispuso a caminar a pie, para mostrar, sin duda, su resistencia, a pesar de sus años.
Marcharon un par de horas.