—Así, pequeño de talla, esbelto y muy fuerte. Hablaba el vascuence bajo, con suavidad y con amabilidad; pero cuando gritaba en castellano para dar órdenes sacaba una voz como de metal. Era hombre guapo, de cara viva y muy morena, por el sol y el aire. Llevaba levitón azul, boina blanca y una cruz en el pecho.
—¿Vive aún?
—No; lo mató un inglés, un casaca gorri (casaca roja) de los de Lacy Evans, delante de San Sebastián.
—¿Y quién había más de los carlistas?
—Estaba también Guibelalde.
—¿Otro navarro?
—No; don Bartolomé de Guibelalde era guipuzcoano, de Lizarza, y había comenzado a pelear en la guerra de la Independencia con Mina. Tenía facha de buen hombre, tipo de militar, usaba bigote y perilla y hablaba muy bien el vasco.
Esto, sin duda, para el dueño de la venta debía tener mucha importancia.
—¿Y cómo acabó la batalla?
—El tío Tomás iba comiéndose a los negros, pero dejaba para lo último lo principal.