Se embarcaron en la lancha. Llegaron al islote, y poco después la Sargantana, como un tritón jovial y alegre que deja por primera vez la férula de los maestros y de los padres, marchaba hacia Ondara con las velas desplegadas.


XV.
EL RAPTO

Inmediatamente que llegaron a Ondara el Capitán y Thompson fueron a ver a Urbina. Este les mostró una carta de la Clavariesa, en la que se mostraba anhelante por dejar el convento y dispuesta a escaparse.

—Bueno—dijo el Capitán—; puede usted escribir a su novia que pasado mañana, a las siete de la tarde, el sábado, irá usted por ella. Dígale usted que a esa hora en punto esté delante de la puerta del jardín del convento que da al cementerio. Allí la esperaremos nosotros y la llamaremos. La lengüeta de la puerta estará cortada. Que abra el cerrojo y entre en el cementerio, y caerá en los brazos de su adorador.

Urbina escribió la carta con estas instrucciones, la mandó con una paloma desde el castillo y para la tarde tenía la contestación.

La muchacha estaba con ansiedad esperando el momento de la fuga; se colocaría a la hora de la cita delante de la puerta del jardín que daba al cementerio y, al oír que la llamaban, descorrería el cerrojo y pasaría.

—Esta noche saldremos a nuestra expedición—dijo el Capitán—. ¿Ha pedido usted su licencia?

—Sí; Kitty se encarga de facilitármela.