—Después del rapto, ¿volveremos a Ondara?

—¿A usted que le parece?—preguntó Urbina.

—Yo, como usted, si tuviéramos buen tiempo y buena mar, seguiría hasta donde se pudiera.

—Y usted, Capitán, ¿qué piensa hacer?

—A mí no me importa dejar esto.

—¿Y Thompson?

—Thompson, si quiere, se puede quedar aquí. Pasaremos por delante de Ondara: hay que traer el bote; en él puede volver.

El viernes, por la tarde, Thompson y el Capitán mandaron llevar al falucho todos los útiles necesarios para la expedición, y el Capitán añadió su equipaje.

Salieron a media noche remolcando una lancha plana; hacía poco viento y tardaron dos horas largas en llegar a la ensenada de Monsant; a la luz de las estrellas se acercaron al islote del Farallón, ataron la Sargantana, dejaron al Rabec con el Dragó de guardia en el peñasco solitario, y con la lancha se acercaron a la cala del Infern.