—Sabe usted lo que estoy pensando al oírle—dijo Thompson con seriedad.

—¿Qué?—preguntó el Capitán.

—Que tan fantástica es esa Sociedad como nuestros actos. Es usted una sombra que está creando otra sombra.

—¡Bah! Literatura, amigo Thompson. ¡Sueños!

—Toda la vida es sueño, Capitán. Si en otro tiempo se hubieran escrito nuestras aventuras, los eruditos de hoy supondrían que no tenían realidad.

—No sé por qué.

—Lo supondrían. Y no crea usted que yo lo supongo igualmente. No. Yo creo que somos hombres de carne y hueso—repuso Thompson.

—Yo también—dijo el Capitán—. Más hueso que carne; pero, en fin, hay algo de carne.

—Eso lo dirá usted pensando en sí mismo, no en mí.

—Sí, me había olvidado de su opulencia, Thompson. Siga usted con su argumento.