La pareja Clavariesa-Urbina vive en Valencia, y no son tampoco muy felices. La Clavariesa domina a su marido; le trae, le lleva, le reprocha que es pobre. Las observaciones acerca de la teoría analítica de las probabilidades de Laplace, de mi pobre amigo, se van a quedar en el tintero. De las dos parejas que tanto nos interesaban en Ondara: Kitty-Eguaguirre y Clavariesa-Urbina, las dos han terminado mal; en las dos ha caído lo peor y lo más bueno.

Como dice el refrán español: «Siempre se quiebra la cuerda por lo más delgado». ¿Conoce usted las Afinidades electivas, de Goethe? Formulo la pregunta tontamente. Ya sé que no quiere usted nada con el astro de Weimar.

¿Sabe usted que he visto al Farestac y me ha preguntado por usted? Tiene un recuerdo de nosotros extraordinario. Me ha dicho que si estuviera usted cerca iría a reunirse con usted. Sigue tan salvaje como antes.

La verdad es que cuando vive uno en un mundo tan bestial como el nuestro dan ganas de marcharse a una isla como la del Farallón, y no tener más amigos que los delfines y los atunes.

A pesar de estos lamentos pasajeros, ya sabe usted que soy un optimista rival del doctor Pangloss, y que pienso persistir en mi optimismo.

Su amigo cariñoso, J. H. Thompson


«Ondara, mayo de 1831.

Señor don Eugenio de Aviraneta.—En Bayona.