—Bueno, un cordero. ¿Que más?
—Ya tenemos también buenas truchas.
—¿Truchas? No está mal. ¿Que más?
—Pollos también ya tenemos.
—¿Pollos? Bueno. ¿Qué más?
—Jamón bueno ya pondremos.
Así siguió la ventera explicando las provisiones que tenía, siempre empleando esta fórmula de ya tenemos o ya pondremos. Este ya, de aire germánico, me chocaba verlo empleado a todo pasto.
Después de consultarse con la mirada Bidarraín, Erlaiz y el sargento de nacionales, decidieron, de común acuerdo, que pusieran todo lo que hubiese para no engañarse.
Dispuesta la cena, seguimos bebiendo, hasta que nos dijeron que la mesa estaba puesta.
Al sargento de los milicianos, hombre alto, de vientre piriforme, se le encandilaron los ojos, y frotándose las manos de gusto exclamó: