La galera española es un carro grande, de cuatro ruedas, tirado por una larga recua de mulas. En Navarra y en Castilla la Vieja se ven con frecuencia estas galeras; en Castilla la Nueva abunda más el carromato, que también llaman carro catalán.

El viaje a pie detrás de un carro tiene sus encantos. El que aproximó de un modo ideológico la galera carro a la galera barco, dándole el mismo nombre, no estaba equivocado. El parecido de estos dos medios de comunicación salta a la vista. El barco es una casa que flota, como el carro es una casa que rueda. El carretero tiene algo de marino: es un hombre que pasa y no se detiene, que lleva una ruta, que vive en un mundo de soledad.

Mandashay era un hombre muy interesante y ameno. Cada rincón del camino le recordaba una historia. Aquí habían salido a robar a un rico unos enmascarados; allá había vivido una muchacha de cabeza loca que trajo revueltos a todos los jóvenes de los contornos.

En algunos momentos Mandashay se agarraba a la galga, y en otros tiraba de la brida del macho de varas, gritando: ¡Eup! ¡Eup! o ¡ueschqué! ¡ueschqué!

Charlando llegamos a Almandoz y seguimos subiendo una cuesta hasta el alto de Velate. El cielo estaba azul y el sol calentaba de firme. No hacía mucho calor porque íbamos ya a bastante altura y corría aire fresco.

A media tarde cruzamos un bosque, que me pareció debía servir para los misterios de los druidas, y fuimos a parar a las Ventas Quemadas, en lo más alto del puerto.


IV.
PAMPLONA

Salimos de Ventas Quemadas por la mañana, y emprendimos la marcha hacia la vertiente del Ebro.