Yo tenía pensado mi plan.

—Necesitaré un cordel de ochenta varas de largo, del grueso del dedo meñique.

—¿Y eso cómo lo voy a entrar aquí?

—Usted mañana me regalará un almohadón; dirá usted que es mi cumpleaños, y dentro del almohadón vendrá la cuerda.

—Muy bien.

—Además, tomará usted dos botellas de Jerez, vacías, que conserven las etiquetas, las llenará usted de aguarrás, las cerrará muy bien y me las enviará con el almohadón, como regalo.

—Descuide usted; todo esto se hará. ¿Cómo piensa usted salir?

—Voy a hacer una escalera con el cordel que usted me traiga, y me descolgaré por la torre.

—¿Y después?

—Después pasaré al jardín de al lado por un agujero de la tapia, y de este jardín iré a la calle. Lo que quisiera saber son las salidas de la calle que va por ahí detrás.