—¡Qué gentes serán éstas!—se decían los ondarenses.
El gobernador, al saber que había transcurrido el tiempo reglamentario de cuarentena, dió la orden de que no se llevara el rancho a los detenidos y de que desalojaran inmediatamente el lazareto.
El Capitán y Thompson mandaron a un chiquillo en busca de una tartana. Cuando llegó ésta metieron los equipajes en ella y fueron los dos hombres al pueblo.
Compraron ropa blanca y algunas prendas que necesitaban, se afeitaron y cortaron el pelo y se presentaron en la fonda de la Marina, en donde les contemplaron con sorpresa.
Todo el mundo los creía unos lobos de mar, aventureros, medio piratas, negros, barbudos, y se encontraron bastante sorprendidos al hallarse con dos caballeros, uno de ellos elegante hasta el dandysmo.
V.
EL TENIENTE EGUAGUIRRE
Al instalarse en la fonda, el Capitán dijo a la dueña que pensaba estar pocos días; esperaba un barco para marcharse a Francia. Thompson aseguró que él también se dirigiría a Gibraltar cuanto antes.