—Pues, si Kitty está enamorada de él, como parece—dijo Thompson—, Eguaguirre la hará desgraciada.

—Sí; por petulancia, por estupidez, por darse tono.

Urbina contó a Thompson la causa de haber reñido con Eguaguirre. Urbina había comenzado a galantear a una muchacha del pueblo, huérfana, de una familia rica, a quien llamaban Dolores y también la Clavariesa, y Eguaguirre se interpuso haciendo el amor a la muchacha y entrando en su casa.

El tutor había cogido a su pupila y la había llevado al convento de Monsant, en donde estaba por el momento. Desde entonces, Urbina no quería tratar con Eguaguirre, y únicamente cruzaba con él algunas fórmulas de cortesía cuando se encontraba en su presencia delante de Kitty.

—No quiero tener amistad con él—concluyó diciendo—. Me busca; ha intentado darme explicaciones, pero estoy dispuesto a no transigir.


IX.
RECOMENDACIÓN DE KITTY

Las guarniciones, como los seminarios y los conventos, tienen todos los vicios y las hipocresías de los grupos colegiados.

La proximidad del hombre para el hombre es corruptora: un cuartel, un colegio, o un convento siempre serán un centro de fermentaciones pútridas. Al hombre, sin duda, le dignifica la soledad; el campo, cuanto más deshumanizado, es más sano para el espíritu.