—Decía que no; que usted es un hombre indiferente a la política; que todas sus aspiraciones consisten en tener dinero y en hacer el amor a las mujeres, y que es usted el amante de la señora de Hervés.

Eguaguirre se puso serio y palideció.

—También ha contado la historia de una novia de usted, a quien han tenido que meter en un convento.

—Nada; que no hay manera de vivir aquí sin que la gente se meta en lo que uno hace y en lo que no hace—exclamó Eguaguirre furioso.

—Y de nosotros, ¿no ha dicho nada?—preguntó el Capitán.

—De nosotros ha dicho don Santos que somos masones y que va a mandar las señas nuestras a la policía.

El Capitán quedó intranquilo:

—Ese hombre debe ser de la sociedad El Angel Exterminador—murmuró.

—Es probable—dijo Eguaguirre.

—¿Algún espía pagado por esa sociedad?—preguntó Thompson.