—Sí, muchas; tanto, que las venden.
—¡Ah, las venden! Ya tenemos un pequeño dato—dijo el Capitán—. Y el acantilado, ¿cómo es?
Kitty no recordaba bien cómo era, y no pudo contestar con precisión a esta pregunta.
—Otra cosa—preguntó el Capitán—. ¿No tiene usted un anteojo?
—Sí.
Kitty llamó a un criado, que vino con un anteojo, y el Capitán estuvo mirando con él, observando la costa y la ensenada de Monsant, de la cual no se veía mas que la entrada.
Después llegó Eguaguirre, y Thompson y él se retiraron.