—¿Y ella es la estrella de luz propia?
—No, la estrella es usted.
—Gracias, Capitán, es usted muy galante.
—Es usted como esas estrellas pequeñas, brillantes, intensas, que lanzan una mirada que vibra en el aire.
Kitty tomó un aspecto mixto de coquetería y de tristeza.
—Me gustaría saber, la verdad, lo que piensa usted de mí—dijo.
—Lo que siento de usted. Sencillamente, que es usted una mujer admirable.
—Se quiere usted reír de mí.
—No, no. Es usted una mujer encantadora.