—Con eso quiere usted decir que soy loca, temeraria... ¿verdad?

—¿Y quién no lo es? Solamente las gentes mezquinas saben hacerse un escudo con los lugares comunes y las preocupaciones generales para vestir su mezquindad. La poca gente noble que hay en el mundo, esa va a pecho descubierto; si le hieren de un flechazo, la flecha penetra hasta el corazón; si va por un precipicio y se desliza, la caída es hasta el fondo...

—Me da usted miedo—dijo Kitty—, debe usted odiar a la sociedad.

—La odio... y la desprecio—contestó el Capitán en tono sombrío.

—Pero sin sociedad, ¿cómo podríamos vivir?

—No sé; ni me importa pensarlo.

—Es necesario que haya leyes.

—Sí; así al menos hay la satisfacción de violarlas—replicó el Capitán en tono sarcástico.

—Y de Eguaguirre, ¿qué piensa usted?

—¡Eguaguirre!... Tiene un perfecto egoísmo a cubierto de todo ataque. Garitas, baterías, hornabeques, galerías cubiertas: su fortaleza es inexpugnable. No se perderá por amor al prójimo.