—Sí.
—Pues llevo aquí dentro dos palomas.
—¿En dónde las ha cogido usted?
—¿Cree usted que las he robado? No. Comprendo que hubiera estado más en carácter robándolas; pero me he contentado con comprarlas en el monasterio.
—¿Y para qué las quiere usted?
—Una de ellas servirá para llevar la carta que nuestro amigo Urbina escribirá a su amada.
—¡Qué idea! Pero tendría que estar advertida la Clavariesa.
—Lo está.
—¿Y la contestación?
—Yo supongo que se necesitarán dos cartas para que haya contestación. Si la muchacha se aviene a entrar en correspondencia con Urbina, se le enviarán palomas del castillo, de regalo, que desde el momento que las suelte volverán a su palomar.