—¿Cree usted que no?
—No. Claro que no. Es usted el hombre más notable que he conocido en mi vida.
—¿Cómico? ¿Grotesco?
—No. Delicado. Un carácter bueno, generoso.
Urbina, en un arranque de emoción, se acercó a Kitty y le cogió la mano con intención de besársela; luego no se atrevió y quedó en una actitud de perplejidad triste.
Al día siguiente Kitty escogió una paloma con pintas del palomar del castillo, la metió en una jaula, puso en un cartón atado el nombre de la Clavariesa e hizo que se la llevara un cosario que recorría los pueblos de la costa y que pasaba por Alba y por el convento de Monsant.
A los dos días la Clavariesa contestaba, y Urbina estaba loco de contento.