—Pregúnteselo usted claramente. Si acepta organizaremos en seguida el plan de evasión.
—Creo que aceptará.
—Pues nada ¡adelante!, como decía el general Blücher cuando se ponía la pipa en la boca y un sombrero de mujer en la cabeza. Thompson y yo prepararemos el rapto. Usted se queda en el pueblo. Fenoller parece que vigila a Eguaguirre, pero no a usted. Si supiera que faltaba usted de aquí comenzaría a sospechar. Usted obtenga la contestación categórica de la chica. Le dice usted que su tutor no cede y que la tía está de acuerdo con usted.
—Eso haré.
—Y mientrastanto nosotros estudiaremos el terreno.
—¿Qué van ustedes a hacer?
—Como yo supongo que por tierra no se puede intentar nada, alquilaremos un falucho por un par de semanas y reconoceremos los alrededores del convento.
—Yo les cederé Roque, mi asistente. Es listo como un diablo.
—Lo conozco. Necesitaremos tres o cuatro hombres más.
—Eso se encuentra fácilmente.