—Una moncha. ¿De verdad?

—Sí. Una moncha joven y guapa. ¿Tú te llevarías una?

—Una joven y guapa ¡ya lo creo!—exclamó el Farestac con los ojos brillantes.

—Pues nada, escoge una y te ayudaremos. Formaremos una Sociedad de Raptos y Empresas peligrosas reunidas. Razón social: Farestac, Thompson, Rabec, etc., etcétera. Capital: el que se robe.

El Farestac, que no entendía bien lo que decía el Capitán, comenzó a mirarle con mayor extrañeza. Quizá pensó que estaba loco.

Se comió en la parte baja del islote del Farallón, se pasaron las horas pescando y al anochecer se tendieron todos a dormir.

Antes de amanecer, el Farestac despertó a la gente. Se decidió que el Rabec, a quien nada se había contado del proyecto, quedara en el islote cuidando de la Sargantana en compañía del Dragó. Los demás se metieron en la lancha y se dirigieron hacia la costa.

En el mar palpitaban tantas estrellas, que su brillo tembloroso producía el vértigo.

En media hora se acercaron a la cala del Infern. Amanecía.