No era aquella cala un pequeño golfo bien abierto e iluminado por la luz del sol, sino un agujero irregular y tenebroso que comenzaba por una hendidura estrecha.

Delante de esta hendidura había rocas basálticas blancas y grises que formaban como restos de un gran palacio, del que quedaran arcos y galerías rotos. Al borde mismo del agua salían pinos por las grietas de las piedras. El bote se deslizó por entre los peñascos sobre el agua inmóvil, que parecía de cristal, y penetró en la hendidura. Llegaron hasta el fondo y ataron la lancha, y almorzaron.

Empezaba a entrar por arriba la claridad del sol y se iba viendo poco a poco la extraña configuración de la cala. El mar aparecía blanco, lechoso, entre dos paredes negras, húmedas, llena de oquedades; ya fuera, era azul, con un color turbio de cristal; una red de meandros de espuma cubría su superficie con un galoneado de plata.

Comenzó a sonar la campanita del convento de una manera charlatana y alborotadora.

—Vamos a hacer nuestra inspección—dijo el capitán.

—Vamos—repuso el Farestac.

La hendidura era más estrecha en la boca que en el fondo. La cala formaba dentro un seno irregular. Tenía allí unos sesenta pies de ancho y ciento veinte de alto. El Farestac aseguraba que había una senda que a trechos se convertía en escalera y que llegaba a lo alto.

Se encontró un resto de camino que comenzaba por el lado izquierdo mirando hacia el interior. Al principio iba en una pendiente suave; luego se hacía más escarpado, rodeaba la cala y pasaba al lado derecho. Hasta la mitad de la altura se logró subir con grandes dificultades; luego había una parte de veinte pies como un lomo de piedra resbaladizo, que se podía escalar trepando, agarrándose a las rendijas. De aquí el camino pasaba por un resalto medio desmoronado por las filtraciones del agua. Este resalto, que corría paralelamente a una hendidura horizontal, se llamaba, según dijo el Farestac, el Pas de la Rabosa.

El marino encontraba muy cambiada la senda de la cala del Infern desde que él había estado la última vez.