—No, ahí cerca. Sigan ustedes por el camino, pasen ustedes la iglesia y pregunten por la Veleta.
El campesino salió al portal de la casa a indicar el sitio aproximado en donde estaba la posada.
Los dos jóvenes volvieron a salir a la carretera y se unieron con el viejo compañero. Pasaron por delante de la iglesia y se detuvieron al par de una casa que tenía una muestra recién pintada con la bandera tricolor, en donde podía leerse:
A LA VELETA DE USTARIZ
CAFÉ. POSADA
El jinete viejo saltó de la silla rápidamente, le siguieron los dos jóvenes y entraron todos en el gran zaguán de la posada. Había allí un tilburí y dentro un señor esperando el paso de la tormenta.
—¿Qué hacemos?—preguntó el viejo español.
—Nos quedaremos aquí—contestó el muchacho moreno.
—Sí, si no van ustedes a ponerse perdidos—advirtió el posadero que se presentó para llevar los caballos a la cuadra.