—Yo me voy—dijo el caballero del tilburí al posadero,—porque hay lluvia para rato;—y saliendo del portal a la carretera hizo tomar el trote largo a su caballo.

El viejo y los dos jóvenes españoles quedaron en el zaguán. Al volver el posadero el viejo español le preguntó:

—¿Hay mucho de aquí a un caserío que se llama Chimista?

—Más de una hora.

—¿Buen camino?

—No muy malo. Ahora no pueden ustedes ir. Suban ustedes.

Los viajeros subieron hasta una sala del piso principal, donde se sentaron.

—¿Quieren ustedes algo?—preguntó el posadero.

—Tomaremos sidra—dijo el muchacho moreno.

—¿Van ustedes a cenar?