Miguel Aristy dejó el coche y el caballo al cuidado de Ichteben, a quien preguntó:
—¿Dónde están las señoras?
—Ahí, en el prado.
—Bueno. Entonces vamos por aquí, amigo Lacy. Tú desengancha el coche.
—No—replicó Ichteben.
—¿No? ¿Pues qué hay?
—Está la mujer de tu hermano, y la tengo que llevar a Chimista.
—Bien. Está bien.
Miguel y Lacy cruzaron la huerta y subieron a un prado en cuesta con un manzanal. En lo más alto había un bosquecillo de robles y a su sombra estaban madama Aristy, madama Luxe y su hija Fernanda, las dos señoritas de Belsunce y Dolores Malpica, con los chicos.