Dos mozos, con la cabeza cubierta por grandes sombreros de paja, estaban segando hierba con la guadaña.

Miguel presentó a Lacy, que fué muy bien acogido por las damas. Madama Aristy le trató con gran amabilidad, y Alicia Belsunce y Fernanda Luxe quisieron averiguar poco después si el muchacho presentado a ellas estaba enamorado o no.

Lacy tenía deseos de hablar con la hija de Malpica, y le preguntó por el coronel. Ella le contestó que le inquietaba su llegada; temía que viniera a llevarle a su padre.

Miguel, que se había tendido en la hierba, dijo:

—Oiga usted, Lacy; si quiere usted le traerán aquí algo para beber: vino, sidra o leche.

—Tomaré un vaso de leche.

—¿La quiere usted cocida o recién ordeñada?—preguntó madama Aristy.

—Es igual.

Madama Aristy llamó a uno de los mozos que cortaba la hierba, que vino al poco tiempo con dos vacas, una de ellas seguida de un ternero recental que corría dando saltos y enroscando la cola.

Alicia Belsunce se levantó y ordeñó a la vaca en una jarra de madera que dejó en la hierba.