La Carolina y la Simona, metidas en su rincón de Ustariz, sabiendo que les convenía no mostrarse en público, hicieron durante algún tiempo una vida muy retirada en su chalet de las Hiedras.
III.
CAROLINA Y SIMONA
Miguel Aristy, que había sabido por la carta de Lacy qué clase de mujeres eran las dos a quienes tenía su madre alquilado el chalet de las Hiedras, quiso cerciorarse y enterarse con mayores detalles y fué a Bayona. Se presentó en la fonda de Iturri a ver a Lacy, y éste le llevó al italiano empleado en la subprefectura.
El italiano no conocía en detalles la vida de las dos damas que vivían en Ustariz; únicamente sabía lo que había dicho ya, e indicó que el jefe de la Policía de Bayona podría dar una información más completa.
El jefe de la Policía de Bayona, el señor Fouquier, había llegado a la ciudad después de la Revolución de Julio y no estaba enterado de los hechos anteriores a la época de su cargo.
El señor Fouquier le dió a Miguel un buen consejo.
—Vea usted a Masson—le dijo—que ha sido el jefe anterior a mí. Masson le cobrará a usted la consulta, pero le dará datos.
El señor Masson vivía en una casita de campo a orillas del Adour, cultivando su huerta y sus frutales. Miguel Aristy lo encontró con una blusa azul larga y un sombrero de paja, podando frutales. Miguel Aristy le explicó un caso fingido, le dijo que un amigo suyo estaba enamorado de una tal Simona que vivía en Ustariz con una señora llamada Carolina, y que él desconfiando de ellas había tomado informes y que los informes eran malos.
El señor Masson era un hombre de una cara reluciente y carnosa, de color cetrino, los ojos chiquitos y brillantes, el pelo rizado y la cara picada de viruelas. Había sido militar durante el Imperio y un explotador de su cargo de policía en tiempo de la Restauración.