Madama Aristy oyó la relación que le contó su hijo con marcado disgusto.
—¿Qué habrá que hacer?—preguntó ella.
—Tendremos que echarlas—dijo Miguel.
—Sí, pero es un escándalo y no conviene. ¡Si la gente se entera! Habrá que buscar una ocasión.
Miguel notó que su madre se hallaba muy preocupada con este asunto.
Una mañana que estaba Miguel pescando vió que Ichteben iba con una carta al Chalet de las Hiedras y que volvía al cabo de media hora a Gastizar con otra carta en la mano.
Al entrar en el portal Aristy vió dos o tres pedacitos de papel rotos, sin duda de la carta de las damas del Chalet. Los cogió por curiosidad. En un trozo ponía: No se atreverá usted a echarnos... en el otro: la mujer de un regicida...
—¡Qué novela habrán inventado estas mujeres!—pensó Miguel.
Pasaron unos días. Las damas del Chalet de las Hiedras no parecían dispuestas a marcharse.