—¿No se van esas mujeres?—preguntó Miguel a su madre.
—Me han pedido un plazo y habrá que esperar.
IV.
CHORIBIDE EN ACCIÓN
Una mañana poco antes de la hora de comer, el señor Gastón Choribide se presentó en el Chalet de las Hiedras. Llamó a la campanilla y al salir la criada le dijo:
—Señorita, quisiera saludar a la señora condesa de Vejer. Haga usted el favor de decirle que el caballero Gastón de Choribide pregunta por ella.
La criada indicó a Choribide que subiese una escalera y le hizo pasar a un saloncito. Choribide aprovechó el momento para arreglarse la corbata y echarse una mirada en el espejo y permaneció inmóvil apoyado en el bastón y con el sombrero de copa en la mano en una actitud estudiada.
Al cabo de unos minutos se abrió la puerta y apareció la condesa de Vejer.
—Señora—dijo Choribide juntando los pies para hacer la reverencia—perdone usted que sin tener el honor de conocerla tenga el atrevimiento de presentarme en su casa.