—No, no es broma, condesa. Lo que digo es el Evangelio.
—Y con la cruz ¿cree usted que su sobrino Rontignon convencerá a madama Luxe?
—Ya veremos.
—Hum ¡qué sé yo!
—La gran cruz es el adorno. Lo esencial es que Rontignon es joven, guapo y estúpido. ¿Qué más puede pedir una mujer?
—¡Qué opinión tiene usted de nuestro sexo!—dijo madama Carolina tomando un aire tierno y sentimental.
Choribide sonrió.
—No es una opinión. Es una convicción—dijo.
—¿Tan mal le han tratado las mujeres?
—Ha habido de todo—contestó el pillo filósofo.