Campillo replicó con disimulada acritud que él como todos ocuparía el lugar que le correspondiera en la escala según su antigüedad y como todos ascendería un grado en el caso de triunfar. Puestos de acuerdo en este punto, Campillo dijo que avisaría a Malpica cuándo debía presentarse en Bayona.
Terminada la conferencia los tres viajeros bajaron al portal y se despidieron de Malpica. Ya iban a salir cuando se presentó la hija del coronel con sus dos niños. Lacy le dió la mano y ella murmuró en voz baja:
—Dios quiera que no me traigan ustedes alguna desgracia.
—Por Dios, señora... no..., balbuceó Lacy.
Unas horas después, los tres viajeros llegaban a la Veleta de Ustariz, almorzaban, montaban a caballo y se dirigían al trote largo camino de Bayona.
V.
LA TERTULIA DE GASTIZAR
El mismo día en que Lacy, Campillo y Ochoa visitaban al coronel Malpica, estaban de tertulia al anochecer, varias personas en el salón de Gastizar.
Una gran lámpara de aceite, con una pantalla verde, colgada del centro de la habitación difundía una luz fija y clara, y seis velas ardían en el piano sobre arandelas de cristal tallado.