—Esta noche lo podremos ver si quieres. Ella irá a buscar al asistente al cuarto próximo a la cuadra donde duerme él como todas las noches.

Se apostó Malpica para ver si era verdad lo dicho por su amigo y pudo comprobar que la cosa era cierta.

Lanuza le acompañaba.

Malpica exasperado y loco de furor dijo a su amigo que uno de los dos sobraba.

—Nos batiremos cuando quieras—le contestó Lanuza con frialdad.

Malpica entró furtivamente en su casa, tomó dos pistolas, una botella con pólvora y balas y salió al campo.

—¿Adónde vamos?

—Vamos a la isla del río.

En el río había una isla de arena que tendría treinta o cuarenta varas de largo. Llegaron a la orilla, entraron en la barca y bajaron en la isla. Era al amanecer.