—¡Ah, quieres matarme! ¿Quieres quitarme de en medio para casarte con mi mujer?

—Tú lo has dicho.

—Bien. Veremos si lo consigues. De todas maneras ten en cuenta que te he ofrecido la paz.

—No hay paz. ¿Estás en guardia?

—Sí.

—Una... dos... tres.

Una bala pasó silbando por encima de la cabeza de Malpica.

Lanuza cayó. Malpica se acercó de prisa al otro extremo de la isla. La pistola estaba en el suelo al borde mismo del agua cerca de un reguero de sangre.

Lanuza había desaparecido. Malpica entró en la barca y fué por el río mirando por sí aparecía el cuerpo de su amigo. Sin duda había caído para atrás y la corriente le había arrastrado.