Malpica volvió a la orilla, entró en su casa, montó a caballo y unos días después llegaba a Barcelona.
En tanto los franceses de Angulema habían entrado en Cataluña. Malpica se incorporó a las fuerzas de Mina.
Peleó con gran valor durante tres meses y poco antes de la capitulación de Mina, cayó herido de un tiro en el pecho cerca de Figueras.
Los franceses le dejaron por muerto en el campo.
De noche un merodeador fué a quitarle la ropa y al moverle, Malpica comenzó a quejarse. El ladrón iba a huir, Malpica le dijo que tenía dinero guardado y que se lo daría si le salvaba.
El merodeador le llevó al hombro a una cueva y el coronel pasó días entre la vida y la muerte hasta que se curó.
Cuando ya se encontró bueno y con fuerzas para andar se dirigió a la frontera, la atravesó y entró en Francia.
En Perpiñán pidió informes del coronel Malpica de quien dijo era amigo y le mostraron un boletín francés en donde se citaba su muerte.
No podía decir que era él Malpica a trueque de ser tomado por un falsario.
Decidió cambiar de nombre y trabajar. Al principio su vida fué miserable, tenía que dedicarse a faenas humildes, pero como era duro y fuerte no le molestaban.