Lo que sí le preocupaba era encontrarse con antiguos compañeros que le conocían.
Decidido a abandonar esta parte de Francia escribió a un hermano suyo diciéndole lo que le había ocurrido, cómo pasaba por muerto, pidiéndole una pequeña suma y encargándole que no dijera a nadie que vivía. El hermano le contestó enviándole la cantidad, le decía cómo se había encontrado a Lanuza muerto en una presa y que unos suponían que se había suicidado y otros que había sido víctima de un crimen.
El hermano de Malpica comunicó la noticia de que el coronel vivía a su mujer y a su hija.
La mujer vendió la finca próxima al Ebro y vino a establecerse a Bayona. La hija de Malpica, Dolores, trajo a su padre a vivir a Ustariz...
Al acabar de contar Miguel Aristy la historia del coronel, el caballero de Larresore movió la cabeza de un lado a otro.
—¡Qué mentalidad!—exclamó.—¡Qué cabeza! Ir así arrastrado por los acontecimientos sin pararse a reflexionar... es lastimoso.
—¿Qué quiere usted? Los hombres que han nacido para la acción son así. Cuando se comprende demasiado se ejecuta poco. Nosotros, usted y yo somos razonadores. El es un impulsivo, un español a la antigua. El se cree liberal y no lo es, se cree el colmo de la inteligencia y ya ve usted lo que da de sí.
—Es de una incomprensión y de una suficiencia cómicas.