—¡Ah, claro! Es una superioridad que no necesita explicación.

—¿Es que han hecho más cosas los vascos?

—No.

—¿Es que han tenido más grandes hombres?

—No, tampoco. Nosotros los vascos formamos un pueblo pequeño, misterioso, con un concepto de la vida especial. ¿Cómo nos van a comparar con un provenzal o con un gascón?

—Pero los provenzales y los gascones tienen más historia, hay entre ellos familias más antiguas.

—Respecto a eso te diré, prima mía, lo que un vasco dijo al duque de Guisa. Discutían los dos acerca de su respectiva nobleza, y el duque de Guisa dijo: Sabed que los Guisas datan del siglo X, y el vasco le contestó: Nosotros los vascos no datamos.

—No comprendo, la verdad, este orgullo.

—No es orgullo. Cada cual tiene sus condiciones y desea conservarlas. ¿Por qué no? Yo no quiero vivir en comunidad con el vecino, aunque sea más fuerte o más rico que yo. Que estas comarcas que nos rodean, que han hablado dialectos latinos, tienen más cultura que nosotros por el uso de un idioma más civilizado que el nuestro. ¿Y eso qué importa? Nosotros queremos vivir en nuestro país, sin tener gran cosa que ver con los que hablan esas jergas latinas.

—¿Y por qué no?