—Nosotros somos otra clase de gentes; no nos parecemos en nada a ellos.
—¿Más serios?
—Claro.
—¿Más constantes?
—Sin duda alguna.
—Ahí está el grande hombre del pueblo, Garat, prodigio de consecuencia...; no ha sido más que de todos los partidos...
—Bueno; es posible que en la política...—decía Miguel riendo.
—Y en todo. Ustariz es un pueblo de veletas; ¿cuántas novias ha tenido usted, primo mío?
—¿Yo? De verdad... ninguna.