No se explicaba la gente cómo madama de Aristy le había aceptado definitivamente en su casa, con la poca amistad que tenía por los parientes de su marido.
El tío Víctor era un hombre moreno de aspecto un poco sombrío, una cara de esas cetrinas y atormentadas; vestía redingot abotonado hasta arriba de aire militar y color oscuro, polainas y cuello de camisa alto y tieso, que dibujaba sobre la mejilla atezada un triángulo de tela blanca y almidonada que salía de la corbata.
Darracq vivía en el cuarto de la torrecilla que daba a la carretera, y solía allí trabajar haciendo barcos o esferas armilares. Estaba suscrito a varios periódicos extranjeros, y las noticias interesantes que encontraba en ellos las recortaba y las pegaba en un libro.
El tío Víctor tenía como asistente a un vasco aventurero que había rodado por el mundo, a quien llamaba Ali.
Ali había estado durante algunos años alistado entre los mamelucos de Egipto y había sido corsario. Ali al llegar a Ustariz tenía todas las trazas de un turco; usaba unos bigotes largos, gorra roja y pantalones bombachos.
Al querer instalarse Darracq en Gastizar madama de Aristy puso el veto a Ali; dijo que mientras usara aquellos bigotes y aquella indumentaria no estaría en su casa.
Ali, suspirando, se afeitó y se puso una blusa azul y pareció un aldeano como otro cualquiera, más moreno.
Ali era hombre con éxito en el pueblo; cuando contaba sus aventuras en Egipto y en Grecia tenía a todos pendientes de sus labios.
Otro de los huéspedes que solía pasar largas temporadas en Gastizar era el caballero de Larresore, constante compañero de charlas de Miguel.