A veces había concierto; Alicia cantaba, el joven Larralde-Mauleón tocaba el violín. Harismendy el piano y Miguel el violonchelo.
Larresore, que no era muy aficionado a la música, intentaba siempre monopolizar a Miguel y llevarlo al campo de sus discusiones. Los dos rompían la frialdad y el aire ceremonioso de la tertulia de Gastizar con sus observaciones, a veces de un atrevimiento chocante.
IX.
CHORIBIDE EL VERSÁTIL
Al contemplar el paisaje de Ustariz, al ver sus casitas blancas con sus enredaderas y sus parras, el río con sus meandros bordeados por arboledas, se pensaba involuntariamente en la vida idílica y pastoril.
Parecía que los habitantes del pueblo debían vivir al estilo de los héroes de Teócrito y de Virgilio; pero por debajo de esta bucólica apariencia aparecía, como no podía menos, el fondo de pasiones y deformidades de todo núcleo de población humana.
Ustariz estaba dividido en pequeños grupos; unos indiferentes, otros enemigos. Era el primer grupo el de Garat.
Garat había hecho muchos favores en el pueblo y tenía grandes amigos. En sus últimos años el viejo convencional enfermo, y retirado no quería intervenir en los asuntos de la villa, aunque la Revolución de Julio le dejaba en condiciones para tomar parte en la política. Garat estaba cansado y tenía bastante con sus recuerdos.
Otro grupo se reunía en el barrio de Eroritz en la casa de los Darralde llamada Jaureguia. La tertulia de Gastizar no era enemiga de la de Jaureguia aunque había entre ellas cierta disimulada hostilidad.
Los Darraldes eran ricos, pero tenían aire de advenedizos.