Eusebio pasó su infancia en Quimper, pueblo de su madre, que de soltera se llamó la señorita de Guermeur.
Durante la guerra de la Independencia y mientras su padre don Luis se batía contra los franceses, Eusebio estuvo en un colegio; terminada la guerra, Lacy, que había sido teniente general del ejército de Galicia y de Cataluña, fué destituído por Fernando VII, que tenía esta manera de pagar a los que se sacrificaban por su persona mientras él adulaba de una manera baja a Napoleón.
Destituído el general Lacy fué a vivir a Vinaroz y desde allí escribió a su mujer para que viniera con su hijo a reunirse con él, pero la francesa tenía resentimientos con su marido y no quiso ir a su encuentro. Entonces se cruzaron entre los dos cartas agrias y recriminaciones violentas.
El general Lacy era de estos tipos extraños que aparecen en las naciones en épocas de turbulencia. Su padre era de origen irlandés; su madre, francesa; él, andaluz de San Roque. Su destino había sido tan contradictorio y su carácter tan arrebatado, que muchas veces llegaron a considerarle como loco.
Durante la juventud de Lacy luchó al lado de los franceses, más tarde peleó contra ellos.
El día 2 de Mayo estuvo a punto de ser muerto por su uniforme de francés. Lacy era hombre exaltado, atrevido, y pertenecía a la masonería. Muerto Porlier, todas las esperanzas del partido liberal estaban puestas en él.
Lacy, con Milans del Bosch, en combinación con La Bisbal y algunos otros, preparó de una manera aturdida el pronunciamiento que le perdió. Dejando Vinaroz se presentó en Caldetas con el pretexto de tomar las aguas y con el fin de ponerse al frente de la sublevación. Al fracasar ésta, el capitán general de Cataluña, don Francisco Javier Castaños, que estaba en el secreto de la conspiración y que había dado el permiso a Lacy para trasladarse de Valencia a Cataluña, sabiendo a lo que iba, mandó en persecución suya al brigadier Llauder, a Llauder que era masón y había estado protegido por Lacy.
Tanto Castaños como Llauder eran hombres de pocos escrúpulos, capaces de unirse a Lacy si vencía y de fusilarlo si fracasaba.