—Pienso hacerlo más tarde. Ahora me voy a España. Desde allí te enviaré algunas cartas con clave y cifra, que te las darán aquí descifradas.
—Bueno.
Tilly se despidió de Lacy y al día siguiente dejó Bayona.
IV.
LOS GRUPOS HOSTILES
En una ciudad pequeña como Bayona, que no pasaba de los quince a diez y seis mil habitantes, todo el mundo se conocía, y más, como era natural, la colonia española y los que estaban relacionados con ella.
Al establecerse Lacy en Bayona e intimar con sus compatriotas, vió con tristeza que no había entre ellos más que odios, rivalidades y desunión.
Ya durante su estancia en Londres notó las rencillas de los emigrados; pero, naturalmente, en una ciudad inmensa las divisiones no se notaban tanto como en un pueblo pequeño, en donde la gente se veía a cada paso.
En Londres, los constitucionales españoles habían formado grupos que tan pronto crecían como se achicaban, casi siempre por un motivo personal.
El primer grupo moderado y aristocrático estaba dirigido por hombres de cierta cultura, como Argüelles, Alava, etc. Este grupo se caracterizaba por ser eminentemente civil, y había rechazado, cuando se lo propusieron, las ofertas de militares como Morillo, Ballesteros y O'Donnell.