Un día Chipiteguy le dijo a Alvarito:

—Al ciudadano Marat le tenemos que hacer una herida mayor. Toma este cuchillo y caliéntalo en el fuego, en la cocina.

Alvarito hizo lo que le mandaban.

—Ahora—le dijo el viejo—, húndeselo en el pecho al ciudadano Marat.

—¿Yo?

—Sí. ¿Qué, te da miedo?

—No, no. ¿Por qué me va a dar miedo?

—Con cuidado.

Alvarito cogió el cuchillo caliente y lo clavó en el pecho del gran revolucionario. Chirrió la cera y quedó una como herida horrorosa, que luego se pintó de bermellón.

Chipiteguy no tenía idea buena. Buscaba lo impresionante, lo sensacional. A una de las figuras de mujer se le ocurrió ponerle un antifaz en la cara, con lo que la dejó más siniestra.