—No; el otro.
Ochoa le explicó quién era el conspirador, y el artista estuvo contemplando a Aviraneta.
—Es un tipo curioso—murmuró—; tiene una bonita cabeza.
—Sí, es un poco águila o buitre.
Alvarito escuchó con atención aquellas teorías acerca de la ceroplastia que expusieron los tres señores y pensó sobre ellas. En muchas cosas estaba conforme.
II
LOS SUEÑOS DE ALVARITO
Mientras las figuras de cera estuvieron encerradas en el almacén constituyeron una obsesión para Alvarito. Le daban miedo, horror y repugnancia, y no quería acercarse a ellas. De noche, sobre todo, el pensar en el sótano le hacía estremecer. Era un antro de la locura, lleno de monstruos gesticulantes, de espectros horrorosos, que se amenazaban en un terrible silencio. Alvarito tenía el temor de que toda su vida la pasaría así, con la perspectiva de un sótano negro con figuras de cera.
Cuando comenzaron a llevarlas a la barraca pensó que ya se sentiría tranquilo; pero quedaba en la cueva el grupo de los asesinos, que era el que más le repugnaba y le inquietaba.