—Es lo que crees tú, infeliz.

—Pues, lo que es por ahora, tenga usted la seguridad de que no me han explotado.

—Ahora nos está explotando. El viejo trama algo que yo sospecho...

—¿Qué va a tramar? Usted siempre está pensando que todo el mundo vive imaginando intrigas y complots, y luego no hay nada. Todas son fantasías de su cabeza de usted.

—Es que tú tienes la vista corta, Claquemain.

—Usted tendrá la vista muy larga, señor Frechón; pero por ahora no ve usted más que visiones.

—Y realidades. Tú lo verás.

—¡Bah!—y Claquemain hizo restallar el látigo en el aire.

—Aquí hay gato encerrado—siguió diciendo Frechón—, lo huelo. ¿A ti no te choca que el viejo Chipiteguy, hombre rico, vaya a las ferias de San Fermín, de Pamplona, en plena guerra, a poner una barraca con unas cuantas figuras de cera, por cierto muy malas, para ganar unos cuartos?