—A mí, no. ¿A qué otra cosa puede ir?

—¡Oh! Ya lo veremos. Te diré, en confianza, que el viejo ha ido a casa del cónsul de España en Bayona repetidas veces y ha tenido con él largas conferencias.

—¿Cómo lo sabe usted?

—Porque le he seguido.

—Cada uno su manía.

—El viejo lleva una misión que seguramente será para él muy fructífera.

—¿Qué misión puede llevar? ¿Misión política?

—Quizá también.

—Si es cosa política, no habrá dinero debajo.

—Me choca tu terquedad.