No, no. Os faltan los adjetivos encomiásticos, hijos de la cera. ¿Dónde está la frase de Goethe o del vizconde de Chateaubriand, o al menos del vizconde de Arlincourt, en vuestro elogio? Nadie os ha cantado, ni en verso ni en prosa. Unicamente se dice que un santón del comunismo, Esteban Cabet, individuo al parecer poco estético, habló de probar su Icaria, su ciudad utópica y perfecta, con figurones de cera de hombres ilustres; pero se añade que el mundo se rió cínicamente de la Icaria y de los figurones de cera. Utopía, todo utopía.

—¡Ceroplastia! ¡Ceroplastia! No eres un arte triunfal.

Dicen tus impugnadores que eres como la charca donde se pudren las aguas vivas que vienen del monte; que la cera, cuando sale de la colmena es hermosa, se convierte en repulsiva en tus figuras y que lo mismo pasa con el cristal y con las telas; añaden que rebajas todos tus materiales, en vez de sublimarlos; que tus factores son buenos y tus productos son malos. Industrialismo, todo industrialismo.

—¡Ceroplastia! ¡Ceroplastia! No eres un arte triunfal.

Tus figuras de una discreción un poco repugnante, producen, a la mayoría de las gentes, inquietud y molestia; les recuerdan, según parece, las momias recubiertas de cera, las imágenes con pelo de las iglesias, los dientes postizos, las piezas de anatomía, los escaparates de los ortopédicos, las cabezas de muestra de los salones de peinar señoras, los maniquíes de los sastres y de los peluqueros, los bustos de los frenólogos... cosas todas del largo capítulo de las invenciones desagradables de las farsas y de las mentiras. Mendacidad, todo mendacidad.

—¡Ceroplastia! ¡Ceroplastia! No eres un arte triunfal.

Vuestra composición, hijos de la cera, no os permite vivir en plena naturaleza. La lluvia y el sol os estropearía el físico.

Vuestras pelucas y uniformes, vuestros pompones y penachos, vuestras chupas y casacas, vuestros calzones, sables y espadas; vuestros trabucos y pistolas viejas, vuestros abanicos y tabaqueras, vuestros pañuelos y puntillas, hablan a la gente, más que de Versalles o de Sans Souci, de tenduchos de prenderos, de traperos y ropavejeros. Guardarropía, todo guardarropía.

—¡Ceroplastia! ¡Ceroplastia! No eres un arte triunfal.

Los estetas y los cultos te consideran como un arte macabro y funerario. Recuerdas, según ellos, las pompas fúnebres, las damas repipiadas que se ven en las tumbas modernas esculpidas por un cantero en un mármol, que parece azúcar; los angelitos dorados y plateados de los ataúdes, los cuadros de pelo de los antepasados muertos, las reliquias amarillentas, un tanto desagradables, y los ex votos de las capillas, en donde se mezclan los brazos y las piernas de cera con los huevos de avestruz. Funerario, todo funerario.