—Amigo Chipiteguy: si usted, a su edad, se siente con deseos de aventuras, no le digo nada. Adelante.

—Pues adelante. Estoy dispuesto. Yo quisiera, amigo Aviraneta, que usted le viera al posadero Iturri, le preguntara qué sabe de esas barricas, cuántas hay, etc., etc.

—Vamos ahora mismo—dijo Aviraneta.

Fueron a la posada de Iturri; el posadero estaba en la trastienda de su mercería y fonda.

Aviraneta expuso a Iturri las pretensiones de Chipiteguy.

—Sí—dijo el posadero—; hay cuatro o cinco barricas en un almacén de trigo de la calle Nueva, de Pamplona. Yo no sé qué tienen dentro. Creo que pusieron las barricas a mi nombre.

—¿Y no sabe lo que hay dentro?—preguntó Chipiteguy.

—A punto fijo, no. No creo que haya inventario ninguno.

Como Chipiteguy insistió en ir a Pamplona, Iturri le dijo:

—Tenga usted cuidado y no sea usted loco. La cosa es muy difícil, casi imposible.